jueves, 29 de noviembre de 2012

martes, 9 de octubre de 2012

216


(fragmentos de la libreta de las deshoras, de la soledad íntima, del dolor como costumbre)

[...] tengo miedo como tú de lo que hay fuera, de lo que pasa dentro. [...] No hay nada como una hoja en blanco y un boli para descargar la mente. [...] Te dolió un día creer que no eras ese 100% que busco en mi vida, te equivocaste entonces: no existía, no eran más que las barreras naturales de mi mente, la precaución, para salvarme del dolor. Pero qué puedo hacer yo, ¿conformarme con el porcentaje de ti que quieras darme? [...] no puedo sentarme paciente a esperar que de nuevo quieras marcharte porque decidas que lo que sucede entra en conflicto con tu yo profundo. [...] Quiero saber si puedo enfrentarme a las puertas del dolor contigo, de la atrocidad misma y tenerte de la mano sin que el miedo, aquel que sentirás y que también recorrera mi cuerpo, te haga irte sin mirás atrás. [...]

martes, 25 de septiembre de 2012

2331

Y aquí estoy, otra vez, ante la sucia libreta, gastada y vieja. Esta que ya tiene más noches en vela de las que me gustaría recordar. Y de nuevo tú.
Escribo poco, las musas me esquivan desde hace un tiempo, será también que mantengo a raya el dolor. No soy perfecta, mi método no es infalible.
¿De qué tienes miedo? Esta pregunta me da qué pensar. Pero entraremos en debates metatemporales en otro momento.
Qué se pierde en cada segundo y qué se gana si se puede ganar algo con la pérdida, es algo que desde hace un tiempo me resulta intrigante. A veces creo que no soy yo, sino una forma prismática de mi, la que vive mi vida. ¿Quién soy yo? Suele ser esta mi pregunta estrella. ¿Qué tengo? ¿Ideales? ¿Convicciones? ¿Principios? ¿Cuánto valen? ¿Tú lo has conseguido? ¿Sabes quién eres? Tú, a pesar de todo, que no me juzgas, no lo hiciste. Lo sé, lo sé. Yo sabía que era cuestión de tiempo, digamos que los dos lo sabíamos. Pero yo quería conducir deprisa por las avenidas en lluvia y un golpe no era suficiente.

viernes, 7 de septiembre de 2012

1302

Sienta bien dormir doce horas seguidas. Sexo, asesinatos y conversaciones inquietantes.

martes, 4 de septiembre de 2012

013

Demasiadas veces he sentido, dicho o escuchado que solo se puede escribir cuando algo va mal. La prosa, el verso, las musas aparecen solo cuando no hay nada más salvo dolor o vacío o ausencia. Hoy escribo desde el vacío, desde el miedo, si queremos llamarlo así. Hoy escribo desde dentro y hacia dentro. 


domingo, 15 de julio de 2012

el poder de la mente

No hacer nunca lo que no quieres.
Con esa máxima por bandera conduzco mi vida, no es fácil, casi nunca lo es pero no lo ha sido especialmente esta noche. Sabes qué tienes que hacer, qué debes hacer pero no quieres. Sabes lo que deseas hacer. Surgen los problemas en mi mente.
Sin más me encuentro en una playa abarrotada de gente, con esa música dolorosa y angustiante. De fondo tenuemente un cantautor toca, casi inaudible pero reconocible. Los acordes sabineros van tomando forma y no puedo evitarlo, me acerco. No puedo, no debo quedarme. Lucho. Unas palabras diabólicas. Me quedo. De repente, conciertazo en directo, con la arena de la playa rozando mis pies y una cerveza fría acompañda de humo blanco. ¿Se puede pedir más? Buena compañía y eso también lo tengo. Y cuando no esperaba más, cuando todo era perfecto acaba el concierto con una voz rota  y nos dieron las diez y las once las doce y la una y las dos y las tres y tú Conductor Suicida susurras en mi oido unos tímidos versos. Y es, en ese momento, cuando me alegro de sobrevivir, de haber luchado todas y cada una de mis batallas, de lucir mis cicatrices (o vivir, como tú lo llamas) y de estar aquí. Archivo en mi mente cada sonido,cada olor.
Más tarde vuelvo a mi obligaciòn. Pero el sucio reggaeton ya no me molesta, los vomitivos tios borrachos me dan igual, el agobio, garrafón, colas, los viceversa han dejado de importarme porque el poder de la mente es increíble y la mia no se fue en toda la noche del concierto, ni de los acordes, ni de tu abrazo Conductor Suicida.
Volaré