viernes, 18 de noviembre de 2011

Por quien doblan las campanas...

Jueves 17 de Noviembre, en algún punto de la tarde...
Son estos mis pequeños y complejos momentos de felicidad. ¿Irracional? Es curioso, nunca me he sentido así. Siempre he sido, o creído ser, una persona dominante de mis actos o pensamientos. Me pones en la tesitura de refutar mi teoría. Me gusta, en el fondo me gusta.

Viernes 18 de Noviembre, reconfortante terraza acompañada de cigarro...
Humo. Todo es más sencillo desde este lado. Día gris y lluvioso, mañana de resaca y sonrisas. Pienso luego, dicen, existo. ¿Tópico? Yo pienso, yo nunca dejo de pensar. Necesitaba escribir, vaciar en esta libreta mi cabeza de todos los pensamientos que me atrapan.
Llevaba un tiempo queriendo escribir sobre algo que leí y hoy me parece un día melancólicamente estupendo. 
"Quizá sea esto todo lo que puedo pedirle a la vida. Puede que sea eso mi vida y que en vez de durar setenta años no duré más que setenta horas. O quizá setenta y dos si contamos los tres días. Me parece que tiene que haber la posibilidad de vivir toda una vida en setenta horas lo mismo que en setenta años con la condición de que sea una vida plena... Así es que puedes cambiar tu vida de setenta años por setenta horas y me queda el consuelo de saber que es así. Si no hay nada por mucho tiempo ni por el resto de nuestra vida ni de ahora en adelante, sino que solo existe el ahora bendigamos el momento presente porque me siento muy feliz en él".
E. Hemingway "Por quién doblan las campanas"

Después de esto me encuentro con muy poco que decir, la primera vez que lo leí pensé "yo he sido capaz de vivir plenamente en setenta y dos horas" con un deje de resignación y felicidad al mismo tiempo. Ciertamente, era fabuloso.
Pero ahora le encuentro otro sentido y creo que si de verdad no hay nada de por vida prefiero vivir el momento complejo, ruidoso y coloreado en unas pocas horas. Quizá mañana no seamos nadie, pero nadie nos arrebatará nunca cada cosa que pasa en un momento. 
Entonces como tú me dijiste (escribiste)... tú eliges.




Quizá cuando el humo blanco recorra mi mente estaré más inspirada y ampliaré esta actualización, por el momento podemos empezar a saber por quién doblan las campanas.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Famoso sueño

Aún cuando el humo blanco se apaga y mi cordura vuelve a apoderarse de mi, no soy yo. Mi yo ebrio tiene secuestrado al sobrio y ni siquiera un lunes de resaca por la mañana es capaz de escapar. Contaré un cuento (sueño) en esta mañana apasionantemente solitaria y desencantada. Tengo que plasmarlo en papel para que no se olvide.

Yo era un comandante de algún bastardo ejército, luchándo por algún sucio ideal que no fui capaz a recordar. Y así comienza vestida de militar, pero tranquila y diáfana, con una seguridad aplastante y con la convicción en todo momento de qué debía hacer. En algún punto del tiempo me dan un ultimatum, debo rendirme y deponer las armas o explotarán una bomba nuclear en nuestro país. Pienso. ¿A quién quiero engañar? No pienso, qué tengo que hacer en todo momento y sé que debo contestar "yo no me rindo ante las amenazas, seguiré luchando hasta el final" Después de esto nos dan una hora, tenemos hasta las 4 para dar fin a la lucha. Nos encontramos en esta situación, yo como responsable debo comunicar al resto de mis camaradas lo que acaba de suceder y por supuesto la decisión que yo he tomado. Porque lo sabía, porque tenía que tomar esta decisión.
Pasan las horas rápidas, confusas. Y de repente me veo en una habitación que usamos a modo de cuartel, tranquila, sentada, dándole vueltas a la próxima ofensiva. Porque no pasa nada, la bomba no va a explotar. Entra un soldado, un simple soldado que lleva una granada de mano cogida. Le miro, no le tengo miedo, no tengo miedo a nada. Le veo que busca entre las cajas y los papeles de nuestro cuartel como si estuviera nervioso, como si creyera que va a pasar algo. Entonces le hablo, le digo que qué quiere, que me lo diga que sé donde se encuentra todo ubicado. Me dice que no, que prefiere buscarlo y me pasa la granada, me da la granada y la sujeto con la mano. Pasan los minutos y el pobre soldado cada vez esta más nervioso, le digo que se siente, que nos sentemos juntos a esperar la hora pero le reitero cientos de veces que no va a pasar nada, que ninguna bomba atómica va a explotar. (Sigo con la granda en mi mano) Estoy convencida, convencida hasta lo más profundo que nada sucederá e intento convencer al soldado, que a pesar de todo está muy nervioso. Nos sentamos uno frente al otro con las piernas cruzadas y dejo la granada en el centro, entre nosotros dos. Le repito que se tranquilice. Faltan dos minutos para que se cumpla la hora fijada. Nos miramos a los ojos y respiro de tranquilidad cuando veo que mi reloj marca las cuatro y nada ha sucedido. Le vuelvo a mirar y le digo ¿Ves? No pasa nada. En el mismo momento que muevo la cabeza y miro por la ventana de pequeño cuartel. Veo la bomba acercarse y su onda expansiva cada vez más cerca. No hay tiempo, no nos movemos no hablamos. El soldado me mira una última vez, como queriendo decir algo, no lo sé. Un último movimiento, intento protegerme con los brazos. Es tarde.


Momento para la reflexión como tantas veces hemos hecho mientras el humo blanco salía de nuestras bocas, la cerveza estaba inundando nuestras gargantas y las esquinas se hacían cada vez más afiladas y los colores eran cada vez más vivos y la luz se apagaba pausadamente. 
¿De qué guerra estamos hablando? ¿Por qué estoy tan segura de todos mis movimientos? ¿Por qué soy yo quien manda, quien lleva las riendas? ¿Por qué decido luchar hasta el final? ¿Que hubiera pasado si me rindo, si tomo la decisión de rendirme? ¿Tendría que morir? ¿Qué significa esa estúpida granade de mano? ¿Quién es ese soldado que perturba mis tranquilidad y serenidad? ¿Por qué estoy tan tranquila? ¿Por qué tengo unos segundos de paz desde que son las cuatro hasta que veo como la bomba nuclear se acerca? ¿Por qué mi último movimiento es protegerme?

¿Respuestas?

domingo, 13 de noviembre de 2011

martes, 8 de noviembre de 2011

Fines de semana largos.

¿Qué pasa? El mundo, creo, se está volviendo loco.

Relajo y pienso. Ni un segundo tranquilo este fin de semana (incluído lunes), y me encanta. Otra vez me levanto con resaca política y mis sentidos se empapan durante toda la mañana con los "resultados" del debate televisado anoche.
El debate. ¿Qué puedo decir? Magnífica compañía, interesantes deducciones, visión politológica verdadera. Pero incluso más divertido, como solemos decir, nuestra imaginación volando a cuartos pequeños con luz de billar, humo de tabaco, camisas remangadas, comida tailandesa, gritos, aplausos, nervios...algún día, lo tengo claro socio capitalista.
Además de eso, me veo en la obligación de hacer un pequeño análisis de mi impresión. Antes de nada tengo que señalar la astucia de Rajoy al "equivocarse" dos veces con Rodriguez Zapatero...¡pero que listo! ¿Asique hablamos de continuidad no?
La primera parte, dominada hasta los últimos minutos por Rubalcaba con cantidad de propuestas y ataques directos a Rajoy que se medio salvó en sus últimos tres minutos de participación. En el segundo bloque de política social, gran importancia a las pensiones y primer compromiso de Rajoy ¿lo cumplirá? Rubalcaba a la defensiva y demasiado pegado al programa, se le empieza a notar su posición de lider de la oposición. Queridísimos asesores, ¿en qué estábais pensando? Última parte y para mi la más aburrida, mucha diputación y poca democracia. Saludos finales muy correctos, Rajoy hablando desde la Moncloa y Rubalcaba intentando movilizar a sus votantes. ¿Dónde está la religión, el ejército, la corrupción, lo movimientos sociales, o la ley del aborto?
Otra dato que si algún día tengo el privilegio de estar en la habitación llena de humo cambiaré. ¿Corbata azul de puntos para Rubalcaba? ¿En serio, chicos? Y luego, qué pasa con la posición ¿es incapaz Rubalcaba de estar recto? Chapó para los colegas peperos, me encantó el detalle de llegar un minuto antes, vamos por delante de esta crisis y sabemos como solucionarla, un buen punto.
Poco más que añadir al debate, hoy se darán nuestros propios debates en la universidad, espero bastante interesantes. Querido Sergio, nunca leerás esto, pero me encantará tu cara esta tarde cuando te diga lo que tengo que decirte.

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Para terminar, una idea a la que llevo dándole vueltas desde el sábado que la escuché. Cierto es que necesitaría mucho tiempo libre para escribir y analizar todo lo que me gustaría de ese día, pero hay algo que no puedo dejar de nombrar. Y sucedió como suceden las cosas que no tienen mucho sentido, en una conversación al calor de demasiados quintos, la marihuana y las teorías de bar.

-Yo creo que existen personas en blanco y negro y personas con
 colores.
-¿En serio? Yo creo que soy una persona en blanco y negro, me he
 vuelto demasiado radical, lo veo todo blanco o negro.
-Ni de coña, ambos sabemos quién es una persona en blanco y 
 negro, tú eres una tía con colores.

Sonrío y lo pienso durante unos segundo, de veras alguien puede ver en mi más allá de mis fantasmas, de mi oscuridad opaca y residual. Quizá, entonces, no sea tan mala, tan culpable, quizá entonces no mereza que me machaquen y me fusilen en la cuneta cerca de cualquier cementerio. Supongo que dónde hubo queda, pero no sé muy bien dónde. 
Me viene ahora un trozo de un soneto que leí hace poco... ¿Volveremos? Al menos los pájaros vuelven. Entonces tendremos que aprender a volar.
Y lo haré, estoy segurá de que volveré a llenar de colores mi vida porque los tengo, solo falta que yo los vea.
Gracias por esas borracheras melancólicas a deshoras.

Resto de finde verdaderamente bueno, saturación de baloncesto, pero muy agradable. Excepto porque o me pongo la chupa o voy al almacén no permito volver a helarme de frío. =)

jueves, 3 de noviembre de 2011

incoherente

Mal tiempo, persiste este tiempo gris y sombrío de Noviembre. Ya no recordaba lo absolutamente feo que es este mes, y tampoco recordaba lo muchísimo que detesto el invierno. No me gusta el frío, ni la lluvia, ni el viento, ni las tardes oscuras. Habrá quien me diga: "depende para qué y con quién está bien" Un corte de manga es lo más suave que puede llevarse. Es feo, este tiempo es feo y sin sentido. ¿O es que no puedes quedarte en casa viendo pelis sin que haga mal tiempo?
Paro. Reflexiono. ¿Qué hago hablando del tiempo? Me resulta un tanto patético hacerlo, sobretodo porque el tiempo no me importa lo más mínimo.
¿Irónico no crees? Yo aquí sentada en mi terraza helada de frío intentando consumir este cigarro y escribiendo sobre algo que supuestamente pasa a mi alrededor. Como todo lo que pasa, nunca a mi, siempre ajeno. Hablabas un día de recuperar tus calles, y yo me rio. ¿Tus calles? Tú al menos sientes que has perdido tus calles. ¿Cuando podré yo, al menos, sentir?

miércoles, 2 de noviembre de 2011

¿Granada?

Me pregunto qué tiempo hace en Granada. 

Últimamente no dejo de soñar con sus calles, sus teterías, sus plazas, su gente, sus kebabs...
Me pregunto si hace frío o llueve, si es capaz de hacer sentir calor. Me intriga la fascinante Granada con sus tapas, sus esquinas que enamoran y esa idea loca que persiste en mi mente desde hace unos días. ¿Es posible, acaso, viajar hasta Granada y volver? O quizá, ¿no volver? Necesito saber si Granada está extraña como yo o si puede reconfortarme al calor de alguna cama de hotel barato. 
Todo esto suena a viaje a la vista y es inevitable. Será posible volver a sentir aquella ilusión por hacer un viaje, volverá a entusiasmarme el olor a cerrado de la sucia y vieja maleta, podré cogerla sin venirme abajo recordando tu olor y los días que ha pasado en el suelo de tu habitación... Todo eso me atormenta.
Pero en Murcia llueve y hace frío y Noviembre no me gusta, porque te recuerdo en cada una de las formas que toma el día. Porque Noviembre es tuyo, porque tu hiciste remitir el frío de aquel Noviembre solitario y perdido.
Por todo esto, necesito saber qué tiempo hace en Granada y mojarme en sus calles, ponerme mis botas impermeables nuevas y patear los barrios, coger mis guantes y mi gorro y salir hasta la madrugada helándome de frío, pero despertarme caliente bajo las mantas de ese sucio hostal. Y por supuesto, y quizá primordialmente, necesito ir a Granada y visitar la Alhambra porque ya nadie me llevará allí a enamorarme. Es hora de bajar al mundo real, una vez más y seguramente la última y definitiva y ver con mis propios ojos una de las cosas que más ilusión tenía por ver, quiero saber si es verdad que la Alhambra es tan maravillosa y alucinante como dicen y quiero que mis ojos y mis sentidos se empapen de algo bello, porque supongo que todos necesitamos de vez en cuando sentir y yo voy a hacerlo alli. Debo sentarme en sus jardines y saber si es cierto aquello que dice el poeta, "Dale limosna, mujer, que no hay en la vida nada como la pena de ser ciego en Granada"