jueves, 3 de noviembre de 2011

incoherente

Mal tiempo, persiste este tiempo gris y sombrío de Noviembre. Ya no recordaba lo absolutamente feo que es este mes, y tampoco recordaba lo muchísimo que detesto el invierno. No me gusta el frío, ni la lluvia, ni el viento, ni las tardes oscuras. Habrá quien me diga: "depende para qué y con quién está bien" Un corte de manga es lo más suave que puede llevarse. Es feo, este tiempo es feo y sin sentido. ¿O es que no puedes quedarte en casa viendo pelis sin que haga mal tiempo?
Paro. Reflexiono. ¿Qué hago hablando del tiempo? Me resulta un tanto patético hacerlo, sobretodo porque el tiempo no me importa lo más mínimo.
¿Irónico no crees? Yo aquí sentada en mi terraza helada de frío intentando consumir este cigarro y escribiendo sobre algo que supuestamente pasa a mi alrededor. Como todo lo que pasa, nunca a mi, siempre ajeno. Hablabas un día de recuperar tus calles, y yo me rio. ¿Tus calles? Tú al menos sientes que has perdido tus calles. ¿Cuando podré yo, al menos, sentir?

miércoles, 2 de noviembre de 2011

¿Granada?

Me pregunto qué tiempo hace en Granada. 

Últimamente no dejo de soñar con sus calles, sus teterías, sus plazas, su gente, sus kebabs...
Me pregunto si hace frío o llueve, si es capaz de hacer sentir calor. Me intriga la fascinante Granada con sus tapas, sus esquinas que enamoran y esa idea loca que persiste en mi mente desde hace unos días. ¿Es posible, acaso, viajar hasta Granada y volver? O quizá, ¿no volver? Necesito saber si Granada está extraña como yo o si puede reconfortarme al calor de alguna cama de hotel barato. 
Todo esto suena a viaje a la vista y es inevitable. Será posible volver a sentir aquella ilusión por hacer un viaje, volverá a entusiasmarme el olor a cerrado de la sucia y vieja maleta, podré cogerla sin venirme abajo recordando tu olor y los días que ha pasado en el suelo de tu habitación... Todo eso me atormenta.
Pero en Murcia llueve y hace frío y Noviembre no me gusta, porque te recuerdo en cada una de las formas que toma el día. Porque Noviembre es tuyo, porque tu hiciste remitir el frío de aquel Noviembre solitario y perdido.
Por todo esto, necesito saber qué tiempo hace en Granada y mojarme en sus calles, ponerme mis botas impermeables nuevas y patear los barrios, coger mis guantes y mi gorro y salir hasta la madrugada helándome de frío, pero despertarme caliente bajo las mantas de ese sucio hostal. Y por supuesto, y quizá primordialmente, necesito ir a Granada y visitar la Alhambra porque ya nadie me llevará allí a enamorarme. Es hora de bajar al mundo real, una vez más y seguramente la última y definitiva y ver con mis propios ojos una de las cosas que más ilusión tenía por ver, quiero saber si es verdad que la Alhambra es tan maravillosa y alucinante como dicen y quiero que mis ojos y mis sentidos se empapen de algo bello, porque supongo que todos necesitamos de vez en cuando sentir y yo voy a hacerlo alli. Debo sentarme en sus jardines y saber si es cierto aquello que dice el poeta, "Dale limosna, mujer, que no hay en la vida nada como la pena de ser ciego en Granada"

domingo, 30 de octubre de 2011

a este instante

"me gustan tus entonaciones y me gusta mirarte desde este ángulo exactamente"

Y sonrío, de forma simple, transparente, sincera.
Me parece absurdo y perfectamente bello al mismo tiempo. Podrías decir cualquier cosa, hablar de mi pelo, de mis ojos o de mis piernas. Y me gustaría. Pero ¿de mis entonaciones? es simplemente delicioso.

jueves, 27 de octubre de 2011

11.35

Tomar decisiones, la vida al fin y al cabo es eso. Decisiones. Escribo y mi mente va más rápida que mi mano y es complicado plasmar todo lo que quiero. El autobús viene antes de que termine el cigarro, me da rabia. Tengo ahora tiempo para pensar. 
Decía que baso mi vida en decisiones, unas más acertadas otras no tanto. Me resulta difícil ver como las personas a mi alrededor (y un poco más lejos) siguen con su vida. Son capaces de sentir, se ilusionan e incluso arrojan al pasado los lastres que le impiden caminar hacia delante. Quizá lo que más me sorprende de todo esto es que lo hacen sin dañarse lo m ás mínimo. En cambio yo soy incapaz de dejar de cargar con mis maletas del pasado y vivo con ellas hiriéndome hasta lo más profundo. No obstante, hay veces que no siento unidas casualmente a esos momentos no demasiado recomendados física o saludablemente. Aunque también, debo ser sincera, están esos momentos de silencio ruidoso en los que soy feliz, y soy feliz de verdad.
El problema es el de siempre, yo. Me gustaría romper con el pasado, hacer inventario, dejar a un lado mis manías, ser cariñosa y cercana, vivir acorde a lo estipulado, no necesitar "algo más", erradicar mis instintos asesino-psicópatas, decir siempre la verdad sin necesitar cantidades ingentes de alcohol, conformarme con sobrevivir...pero supongo que si todo eso fuera así dejaría de lado todo aquello que me hace ser diferente. Y entre lo aburrido y lo raro prepiero mil veces lo segundo.


Me despierto y lo último que espero después de una noche así es encontrarte en mi ordenador taladrando mi mente con un regalo de canción. La (te) escucho.

¿Maldito sea mi sms? Malditas sean las verdades aplastantes y ensordecedoras.

domingo, 23 de octubre de 2011

ciao, Sabina

Escucho canciones y un sin fin de melodías y letras vienen a mi mente. Antaño me emocionaban e incluso llegaba a pensar que podrían estar escritas para mi. Pero al fin y al cabo el tiempo nos pone a cada uno en su lugar y tras inciertos meses ya es hora de bajar al mundo real. Es el momento de aprender que las cosas no son más de lo que son, que las personas no son más de lo que son. Debo grabarme a fuego que no se debe esperar nada de nadie, y repito, nada. Ilusiones que se desvanecen con tan solo unas palabras, sonrisas que desaparecen cuando se cierra la puerta y se apaga la luz. Caricas que se sienten pero se pierden en cuanto la mano se aleja de la piel. Es duro. Yo antes solía pensar que "la rubia platino era morena" pero se fue como todo lo que en algún momento apareció en mi vida. 
Pero así es la vida, o quizá no. Así es mi vida, y me gusta vivir así. Con esta soledad tan concurrida, llena de ruido. Así lo prefiero, me encanta el sonido del asiento trasero en un coche de madrugada, o los bares llenos de gente teorizando a pleno pulmón, necesito la música fuerte retumbando en mis oidos...quizá sin todo eso tendría que pensar. Silencio y miedo. Suena en mi mente "¿dónde está la canción que me hiciste cuando eras poeta?" esto último me irrita, esperar, volvemos a lo mismo. ¿Para qué esperar nada de nadie? Si todo lo que obtengo ahora es esto, noches en vela, tabaco, mentiras piadosas, sexo, drogas & rock 'n roll. De hecho, Sabina ya no escribes ni quiero que escribas para mi las canciones más hermosas del mundo, pero menos mal, maestro que al menos no me fallaste en algo, tenemos más de cien mentiras, el sexo y el rock y la droga. Pero no todo son reproches a tus obras maestras, es solo que ahora duelen en mi mente y en mi cuerpo. No obstante, recurro a ti de nuevo para terminar, solo es necesario grabar esta vez con tinta en mi cuerpo cuatro palabras, con dolor pero para siempre: PEOR PARA EL SOL.

lunes, 17 de octubre de 2011

Sabina, no me la juegues

Pensamientos inconexos y Sabina en mis oidos, quizá más allá penetrando en mi mente, en mi alma si tal cosa existiera. "Caminito al hostal nos besamos en cada farola..." ¿no es cierto? "Nos dijimos adiós, ojalá volvamos a vernos" y me fui pero viniste. Volviste. A pesar de que olía a alcohol y hacía frío y mi yo estaba destrozado...volviste. Dice el maestro, "y nos dieron las 10 y las 11, las 12 y las 1 y las 2 y las 3 y desnudos al amanecer nos encontró la luna..." y susurraste y yo te quise, te quiero.
Maldito Sabino, ¿ahora? "hace demasiados meses que mis paysadas no provocan tus ganas de reir... mal y tarde estoy cumpliendo la palabra que te di cuando juré escribirte una canción" ¿en serio? no puede ser casualidad.
STOP. Bajo del autobús. Llego a casa. Mi mente divaga y se encuentra alejada del mundo. ¿Qué pasa? Es complicado, irrisorio si quieres, incluso reprobable...pero te pienso.

domingo, 16 de octubre de 2011

mal y tarde estoy cumpliendo...

No puedo más. Realmente no puedo más. A veces, pero solo a veces, también me encuentro entra la fragilidad de mis sombras que me miran y se burlan. A veces me da miedo. No pido que me cuiden, no pido que me quieran o me entiendan. Ni si quiera pido que se me acepte. Solo pido que se me respete, de una forma u otra, pero respeto. No es fácil para mi dibujar esta fachada, de que todo va bien, de que no pasa nada. Es terriblemente duro para mi reirme cuando no quiero hacerlo, hablar cuando no quiero hacerlo, o simplemente aguantar cuando no quiero hacerlo. Pero no lo reprocho, lo hago por que quiero porque me veo en la obligada moralidad de hacerlo. He perdido el hilo de lo que estaba diciendo, quizá porque este papel ya está mojado y tengo que hacer un doble esfuerzo por escribir, porque no se me nuble la vista con cada palabra que escribo.
Intento, pero no siempre consigo, ser imperturbable. Existen ciertas cosas que me duelen pero yo no sé por qué estúpida razón tengo que hacer como si no pasara nada, tengo que aceptar el más sucio chantaje, barato y rastrero con una puta palabra agradable en mi boca. ¿Por qué? Por que sino alguien sufre, y qué pasa cuando sufro yo? Eso a nadie le importa. Al final, soy yo la que tengo que estar día tras día y noche tras noche aguantando palabras que me hieren en lo más profundo. Soportando las ganas que tengo de llorar o simplemente de comportarme tal y como lo necesito. Por una vez, por una puta vez me gustaría ser yo la que pueda estar mal y no la que tiene que consolar, la que tiene que estar ahí, sólida como una puta roca, paciente y comprensiva.
Ni si quiera recuerdo ya el motivo, el discurso o el sentido de este escrito. No es propio de mi este desorden, frustración y sin sentido, pero esta vez, y solo esta vez y estos pocos minutos desde mi reconfortable soledad me doy el privilegio de sentir, de dejarme por un momento sentir.