No puedo más. Realmente no puedo más. A veces, pero solo a veces, también me encuentro entra la fragilidad de mis sombras que me miran y se burlan. A veces me da miedo. No pido que me cuiden, no pido que me quieran o me entiendan. Ni si quiera pido que se me acepte. Solo pido que se me respete, de una forma u otra, pero respeto. No es fácil para mi dibujar esta fachada, de que todo va bien, de que no pasa nada. Es terriblemente duro para mi reirme cuando no quiero hacerlo, hablar cuando no quiero hacerlo, o simplemente aguantar cuando no quiero hacerlo. Pero no lo reprocho, lo hago por que quiero porque me veo en la obligada moralidad de hacerlo. He perdido el hilo de lo que estaba diciendo, quizá porque este papel ya está mojado y tengo que hacer un doble esfuerzo por escribir, porque no se me nuble la vista con cada palabra que escribo.
Intento, pero no siempre consigo, ser imperturbable. Existen ciertas cosas que me duelen pero yo no sé por qué estúpida razón tengo que hacer como si no pasara nada, tengo que aceptar el más sucio chantaje, barato y rastrero con una puta palabra agradable en mi boca. ¿Por qué? Por que sino alguien sufre, y qué pasa cuando sufro yo? Eso a nadie le importa. Al final, soy yo la que tengo que estar día tras día y noche tras noche aguantando palabras que me hieren en lo más profundo. Soportando las ganas que tengo de llorar o simplemente de comportarme tal y como lo necesito. Por una vez, por una puta vez me gustaría ser yo la que pueda estar mal y no la que tiene que consolar, la que tiene que estar ahí, sólida como una puta roca, paciente y comprensiva.
Ni si quiera recuerdo ya el motivo, el discurso o el sentido de este escrito. No es propio de mi este desorden, frustración y sin sentido, pero esta vez, y solo esta vez y estos pocos minutos desde mi reconfortable soledad me doy el privilegio de sentir, de dejarme por un momento sentir.
domingo, 16 de octubre de 2011
miércoles, 5 de octubre de 2011
Como un octubre solitario
Es maravilloso el efecto que el sol provoca en mi. Son las 12 de la mañana y necesitaba sentarme. Sentarme y escribir mientras fumo mi último cigarro. Anoche me acosté con demasiados pensamientos rondando en mi cabeza. La noche pasó entre el desvelo y los sueños y esta mañana necesitaba escribir, sentarme con el reconfortante sol calentando mi cuerpo.
Me despierto, son las ocho de la mañana y mi pequeña y dulece pesadilla se mete en mi cama. Dice que es hora de despertar y yo la rehuyo, ¡es demasiado temprano! No obstante, acampa en mi cama. Me llena de besos y no puedo evitar reírme. Sí, yo me rio a las ocho de la mañana. Es ella, no puedo evitarlo. Alguna genialidad tempranera de las suyas y cuando se va sigo durmiendo, pero con un mejor sabor de boca. Te quiero tanto pequeño bichito...
Después navego durante algunas horas, sin pena ni gloria, me siento extrañamente ausente. Como si mi mente quisiera decirme algo pero no lo hace, o no la escucho. Creo que se acerca uno de esos momentos en los que necesito pensar, pensar desde mi voluntaria soledad, pero no me atrevo. En lugar de eso fumo. Necesito un poco de paz, quizá necesito dejarme sentir, pero no puedo. Yo nunca puedo. Las circunstancias no lo permiten, la sonrisa en mi boca debe ser permanente. Sino, ¿quién me querrá? Quién osará soportarme si me dejo sentir tal y como debo? Es inútil, ni yo misma quiero hacerlo, quizá no sé. Nunca he aprendido a dejarme sentir, a decir no cuando es NO y a gritar sí cuando es SI. Seguiré, por sonsiguiente en esta estancia reconfortante de mi estipulada existencia. No debo, no quiero o no me atrevo a enfrentarme a mis demonios.
Me culpo, pero no te culpo. Pongo énfasis en la última frase. No te culpo. No pretendo que me entiendas, no pretendo que entiendas lo que no entiendo.
Solo quiero que algún día, como alguien sabe, una versión mejorada de mi se enfrente y perfeccione todo lo que yo no soy capaz.
Me siento mejor, termino con Sabina que como siempre parece describir con versos mi ánimo.
Flota en el aire una melancolía de hojas de un calendario mercenario, qué dolor. Mañana será otro día mucho peor. Por no pedir disculpas ni permiso, levanté una balada hipotecada con sangre de otra herida, sin otro compromiso que la vida.
martes, 4 de octubre de 2011
Hablamos de revoluciones
Hablábamos precisamente de esto, y hoy al escuchar esta canción me acordé de ese sentimiento. Decíamos que nos faltaba algo, nos faltaba esa experiencia por vivir. Una experiencia que marca de por vida. La movida en la calle, las calles que no son de países, los países que no tienen fronteras y "la poesía salió a la calle"
Supongo que podrían llover cientos de críticas sobre este pensamiento, o sobre estas cinco líneas sucias. Pensarán, y legítimamente, que 1968 no fue más que "cuatro perroflautas ensuciando las plazas", pero pensaremos otros, y también con todo nuestro derecho, que en Mayo del 68 se produjo una Revolución. "Supimos que todo es posible en 1968" y para mi eso ya es más que cientos de burócratas sentados en sus despachos pensando que nada puede ni va a cambiar.
Escribo esto y al mismo tiempo escucho la canción y se me pone la piel de gallina, un escalofrío cruza mi cuerpo y sonrío, al tiempo que el maestro me recuerda que "ya se secaron las flores de 1968" Pero no importa, amigo, no importa ya que donde hubo fuego quedaron cenizas. Y ese sentimiento vive todavía en algunos de nosotros, quizá no en los que piensan que los perroflautas (algunos con mas estudios, cultura y bagaje personal que ellos) son desecho social. Pero otros, los que sí creemos en que algo mejor es posible seguiremos limpiando las plazas y la perversión política sea donde sea y cueste lo que cueste.
Sigue vivo el sentimiento, aquel que nosotros no pudimos vivir pero que estoy segura viviremos si existe voluntad, valor y muy poco que perder.
sábado, 1 de octubre de 2011
¿Todos locos?
Parece hoy, como ayer y seguro que como mañana. Pero algo cambia, por suerte o por desgracia siempre algo cambia. Venganza, retórica y mucha ironía. Venganza más que fría, caducada. Retórica insana y demasiado directa. Ironía cuidada y malintencionada. ¿Qué?
Dicen que se acaba el mundo, que la bolsa quiebra, que invirtamos en conservas y que nos volvamos todos locos. Espera. Lo último lo añado yo.
Todos locos, locos hasta el último aliento, hasta que los instintos más primitivos salgan a flor de piel. Hasta que nadie comprenda a nadie, hasta que todos seamos extraños. Locos hasta el punto de no hablar, ni juzgar. Hasta que el quiero secuestre, torture y mate al debo, hasta que oiga al último agonizar hasta la muerte. Locos, todos locos hasta que no quede conciencia en el mundo. Hasta que la mentira (¿mentira?) sea una furcia, de las que fuman de noche, de las que beben whisky, a las que es imposible impresionar. Al final todo es eso, locura hasta el punto de no dormir, de teorizar por las noches, de combertir tardes en noches, de no volver más.
Porque la verdad es un cabo suelto de la mentira, decía el maestro. Maestro en noches, maestro en días. Maestro en tabaco, noches en vela, en acostar al sol. Maestro en la maestría de que todo pase, o no pase. Pero si, no todos los momentos pasan, pero en cada momento algo no pasa, de qué nos sirve pensar.
Dicen que se acaba el mundo, que la bolsa quiebra, que invirtamos en conservas y que nos volvamos todos locos. Espera. Lo último lo añado yo.
Todos locos, locos hasta el último aliento, hasta que los instintos más primitivos salgan a flor de piel. Hasta que nadie comprenda a nadie, hasta que todos seamos extraños. Locos hasta el punto de no hablar, ni juzgar. Hasta que el quiero secuestre, torture y mate al debo, hasta que oiga al último agonizar hasta la muerte. Locos, todos locos hasta que no quede conciencia en el mundo. Hasta que la mentira (¿mentira?) sea una furcia, de las que fuman de noche, de las que beben whisky, a las que es imposible impresionar. Al final todo es eso, locura hasta el punto de no dormir, de teorizar por las noches, de combertir tardes en noches, de no volver más.
Porque la verdad es un cabo suelto de la mentira, decía el maestro. Maestro en noches, maestro en días. Maestro en tabaco, noches en vela, en acostar al sol. Maestro en la maestría de que todo pase, o no pase. Pero si, no todos los momentos pasan, pero en cada momento algo no pasa, de qué nos sirve pensar.
miércoles, 28 de septiembre de 2011
completamente desacertado
Llevo ya muchos días sentandome a escribir y todo lo que obtengo es nada, hojas en blanco ensuciadas por pintadas del boli que no quiere escribir ni una maldita línea acertada. Todo lo que sale es esto, una basura dialéctica, excusada e injustificada de mi incapacidad.
Días que pasan y que no pasan, amargos como versos sabineros, pero con un deje de dulzura para aquellos que sepan apreciarla que no pasa en vano. Es ese sabor de dolor lo que en el fondo nos gusta, ese escozor de las uñas al arañar la piel impregnado en sudor, que no gusta, pero gusta. Resígante, ¿no es cierto? A esa estancia mediocre de tu vida, me dan pena las parejas, aquellas que se quieren, que se creen en el centro del universo, esas que creen que su vida es diferente a la de los demás, esas que creen que son especiales por estar enamoradas. ¿Especiales? Me rio, me rio mil veces de esas parejas estúpidas, autómatas, es patético verlas pasear de la mano y decirse cosas al oido, patético. A veces me paro a observarlas, me deleito en su danzar absurdo y preocupado, a veces enciendo un cigarro y las sigo con la mirada hasta que se esconden tras alguna esquina o recodo del camino. Otras veces, me sorprendo a mi misma ideando malvados planes, siguiendo a las parejas y susurrándoles al oido: ES TODO MENTIRA.
lunes, 19 de septiembre de 2011
Fiestas II
Resulta inquieto contemplar las sombras que proyecta tu calma, cuando solo queda una tenúe luz amarilla de madrugada, como de despedida. Así tengo una excusa. Entre el tumulto de gente y una música estridente de fondo nos reimos a carcajadas y la gente se pregunta. Pero no existen preguntas, ni respuestas, solo tabaco y madrugadas inciertas.
De nuevo, demasiado. Demasiado dramatismo que surca las palabras que escucho, que no me gustan pero escucho. Demasiado debate que me hace hablar horas sobre futuros lejanos, sobre planes pendientes. Sin embargo, como siempre sigo en la lucha y la gente sonríe y yo les devuelvo la sonrisa con una mirada austera sin un ápice de gloria.
Me pregunto, a veces, por qué la gente habla tanto. Como si siempre tuvieran algo que decir, o como si siempre hubiera que decir algo. No me gusta la la forma de gesticular de las personas, ni las conversaciones vacías. Es difícil encontrar a alguien que realmente merezca una conversación de mas de un minuto o de más de una sonrisa complicada.
Me digo a mi misma que me estoy volviendo demasiado exquisita. Al fin y al cabo esta es mi vida, siempre demasiado.
sábado, 17 de septiembre de 2011
Fiestas I
Otro día más, resaca y muy poco que contar. Sí, quizá un deje de resignación. Todo es igual cada una de las mañanas que me levanto, el mismo ritual histriónico, desesperante. ¿Qué puedo decirte? Si en el fondo nada ha pasado, nada ha cambiado. Aparentemente seguimos en la lucha, en la lucha de qué, me pregunto constantemente.
No fue una mala noche, vino, tabaco y demasiadas palabras. Me gustan las asambleas improvisadas debatiendo de todo, cambiando el mundo, o refugiándonos en el otro. Es reconfortante tu mano en el hombro para controlar mis impulsos. Me gusta hablar de política al calor de la noche y los grados etílicos en mi cuerpo. "¿Diseñar una nueva Carta de Derechos Humanos? Eso está hecho". Todo es posible cuando nada pasa, todo pasa cuando se difuminan los imposibles.
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